Cómo no estropear tu boda con experimentos cap.2

¡Buenos días novias (pasadas, presentes, o futuras :) )!

Si hace un par de días hablábamos de cómo evitar desastres con los experimentos para mejorar nuestro aspecto físico antes de la boda, hoy quiero compartir con vosotras algunas otras cosas con las que considero que no es muy conveniente experimentar el día B  (de boda, claro).

Recordad que podéis dejar vuestros comentarios en el post para compartir entre todas si tuvisteis alguna de estos dilemas, y por qué opción os decantasteis al final.

¡Vamos allá!

  • El menú: Bajo mi punto de vista, es imprescindible que el menú se ajuste a dos factores importantes.
  1. El tipo de invitado que predomina en tu boda:  Soy una firme defensora de que uno tiene que hacer las bodas a su gusto, pero también para sus invitados, porque, si no quieres agradarles, ¿cuál es exactamente el sentido de una celebración multitudinaria? Por tanto, y aunque es imposible complacer a todo el mundo, debemos pensar, en líneas generales, cuál es el menú que mejor encajaría. Así, si tu gente es de corte más bien tradicional, quizá un menú japonés o cocina excesivamente de autor no sea lo adecuado. Y lo mismo, al contrario: si tu ambiente es muy sofisticado y refinado, deberás sofisticar también el menú.
  2. Las costumbres de dónde te cases y con quién:  No es lo mismo casarse en Galicia o en el País Vasco que en Sevilla o en Londres. Un menú de 2 platos y postre en Galicia te convertiría en la comidilla del pueblo, mientras que quizá algo mucho más extenso que eso dejaría K.O. a los invitados de una boda en Madrid. Como tantas cosas que comentaremos en este blog, puede que estas cosas sean políticamente incorrectas, pero todas sabéis de lo que estoy hablando. 
  • La disposición de las mesas:  Cuando uno decide casarse, entra un poco en una nube de algodón, y a veces, tendemos a pensar que nuestra boda es tan importante para todos nuestros invitados como para nosotros. No siempre  es así. Por tanto, ese efecto “nube de algodón” puede no ser suficiente para arreglar un conflicto de importancia entre dos de tus invitados. Por supuesto, todo depende del tipo de conflicto y de quién sea el invitado, pero, si conoces problemas de gravedad entre personas concretas en tu boda, intenta ahorrarles el trago de sentarlas juntas. Si no te queda otro remedio, o tienes dudas sobre si van a sentirse incómodos o no, lo mejor es que hables con los implicados y les consultes cómo se sienten. Llegar a la boda y encontrarse allí con la “sorpresa” es la peor opción.

gedeckter tisch

  • El vestido de novia: Sí, sí, lo digo en serio. Todas sabemos que, por definición, vestirse de novia implica ir relativamente “disfrazadas”. Pero podemos intentar ser lo más fieles posibles a nuestro estilo. Recordad que tendréis que gustaros no solo el día de la boda, sino muchísimos años después también. Sed coherentes con vosotras mismas: Si siempre vestís de forma clásica y recatada, un palabra de honor lleno de brillantes no os encajará. Y si os gusta ir muy cómodas y sencillas, decid que no a las colas de 3 metros.

Creo que con estos dos capítulos “anti-experimentos”, ¡Lo tenemos todo controlado! ¿Y vosotras, os arrepentís de algún experimento?

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